Hesperidina: el tradicional licor argentino que inauguró el registro de patentes

 

La Hesperidina es un licor hecho a base de naranjas amargas creado por Melville Sewell Bagley, creador de la empresa Bagley, quién influyó sobre Nicolás Avellaneda para que crease un Registro Único de Marcas y Patentes, una oficina que cambió para siempre la economía del país.

 

Bagley llegó al país en 1861 y se incorporó como trabajador en la farmacia La Estrella. Su puesto requería desarrollar productos que pudieran ser beneficiosos para el sistema digestivo y circulatorio. Tomando como materia prima los frutos de naranjos que habían sido plantados en la ciudad, desarrolló este licor que resultó favorito entre los porteños.

La Hesperidina, por su alto contenido de vitamina C, es uno de los mejores remedios caseros para las várices y las arañitas en las piernas ya que mejora el sistema circulatorio. Es la respuesta a la pregunta sobre cómo quitar las várices tomando una copita de licor por día.

Bagley supo desarrollar una campaña que podría compararse con las más eficientes publicidades actuales cuando empapeló la ciudad con posters donde se indicaba únicamente “Se viene Hesperidina”, lo que provocó la intriga de los 140.000 porteños que poblaban la ciudad en la época. Esto resultó en un éxito de ventas y que se instale definitivamente la bebida dentro de la cultura popular. De hecho, aparece como elemento contextual en muchas obras artísticas como pinturas de Florencio Molina Campos, cuentos de Julio Cortázar, películas de Leonardo Favio, además de que fue la favorita de grandes personalidades destacadas como el “Polaco” Goyeneche.

 

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El licor, debido a subase de cítricos, es rico en flavanoides que tienen propiedades antioxidantes, anticancerígenas, antitrombóticas, protectoras hepáticas, antiinflamatorias, analgésicas, antimicrobianas y cardiotónicas, es por eso que se usaba como revitalizador para los soldados durante la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay.

El creador de la Hesperidina, cansado de las copias a su producto, acudió al entonces presidente de la República, Nicolás Avellaneda, quien creó en 1876 la Oficina de Patentes y Marcas, desde al que le fue otorgado el registro número 1 de marcas.

El registro de marcas, actualmente, otorga a su titular el uso exclusivo durante 10 años con la posibilidad de excluir a terceros que quieran utilizar la marca, además de disponer la posibilidad de venta cesión y otorgamiento de franquicias. El monopolio de uso legal del nombre de la marca, junto con su nombre y tipografía, permite vender, comercializar, distinguirse de la competencia a la vez que protege el proyecto, sirve a la publicidad del producto